Estoy encerrada en mi casa como un tercio de la población mundial. Ya no cuento los días así que no sé cuantos voy, cuántos vamos; ni en Buenos Aires, ni en Roma, ni en Lanús. Estamos todos habitando una dimensión temporal trastocada, como a la que se ingresa en la sala de espera de un médico, o antes de una entrevista laboral. Rara.
En tiempos de encierro la percepción se intensifica y la cosas toman otro orden. Una ventana puede ser una tentadora invitación.
Si tenés un poco de perversión y morbo en tu mente como yo o querés explorar los rincones más absurdos del mundo que nos rodea, sentate a buscar estos documentales y encariñate con las personas más bizarras y hermosas que vas a encontrar en la pantalla.
En mi mesa de luz hay un vaso con agua de hace cuatro días, una remera abollada contra un rincón y cajas vacías de Vauquita.